La Independencia De Mexico



Independencia de México

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Independencia de México

Batalla del Monte de las Cruces

Fecha 16 de septiembre de 1810 - 27 de septiembre de 1821 Lugar México

Resultado Independencia de México por los Tratados de Córdoba

Beligerantes

Insurgentes y Trigarantes leales a México Realistas de España

Comandantes

Miguel Hidalgo

José María Morelos

Francisco X.Mina

Vicente Guerrero

Agustín de Iturbide[1] Venegas

Calleja

Apodaca

Independencia de México

(1810 a 1821)

Iniciación - Organización - Resistencia

El proceso de la independencia de México fue uno de los más largos de América Latina. La Nueva España permaneció bajo el control de la Corona por tres siglos. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, ciertos cambios en la estructura social, económica y política de la colonia llevaron a una élite ilustrada de novohispanos a reflexionar acerca de su relación con España. Sin subestimar la influencia de la Ilustración, la Revolución Francesa ni la independencia de Estados Unidos, el hecho que llevó a la élite criolla a comenzar el movimiento emancipador fue la ocupación francesa de España, en 1808. Hay que recordar que en ese año, Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente en favor de José Bonaparte, de modo que España quedó como una especie de protectorado francés.

En las colonias españolas en América, se formaron varias juntas que tenían como propósito conservar la soberanía hasta que regresara el rey Fernando VII al trono. Nueva España no fue la excepción (encabezados por Francisco Primo de Verdad y Ramos), la diferencia es que el primer intento de este tipo concluyó con la destitución del virrey y la sujeción del Ayuntamiento de México a la autoridad directa de la nueva cabeza de la colonia (que a diferencia de Iturrigaray, no simpatizaba con la Junta). Tal situación llevó a los criollos a radicalizar su posición. Finalmente, el núcleo donde hubo de comenzar la guerra por la independencia fue Dolores, Guanajuato, luego que la conspiración de Querétaro fue descubierta. Aunque aquél 16 de septiembre de 1810 el cura Miguel Hidalgo y Costilla se lanzó a la guerra apoyado por una tropa de indígenas y campesinos, bajo el grito de “Viva la Virgen de Guadalupe, muerte al mal gobierno abajo los gachupines”, finalmente la revolución le llevó por otro camino y se convirtió en lo que fue: una guerra independentista.

El conflicto duró once años y distó mucho de ser un movimiento homogéneo. Como se ha dicho, al principio reivindicaba la soberanía de Fernando VII sobre España y sus colonias, pero con el paso del tiempo adquirió matices republicanos. En 1813, el Congreso de Chilpancingo (protegido por el generalísimo José María Morelos y Pavón) declaró constitucionalmente la independencia de la América Mexicana. La derrota de Morelos en 1815 redujo el movimiento a una guerra de guerrillas. Hacia 1820, sólo quedaban algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz. Por esas fechas, Agustín de Iturbide pactó alianzas con casi todas las facciones (incluyendo al gobierno virreinal) y de esta suerte se consumó la independencia el 27 de septiembre de 1821. España no la reconoció formalmente hasta diciembre de 1836 y de hecho intentó reconquistar México, sin éxito.

La ex colonia española pasó a ser una efímera monarquía constitucional católica llamada Imperio Mexicano. Finalmente fue disuelto en 1823, cuando luego de varios enfrentamientos internos y la separación de Centroamérica, se convirtió en una república federal.

Antecedentes

Situación económica y social del virreinato de Nueva España

Una representación de mestizos en una “Pintura de Castas” de la era colonial. “De español e india produce mestizo”. Los mestizos eran un grupo marginado[cita requerida] pero amplio en la vida colonial.

El pilar de cuando se empezó la economía colonial de Nueva España era la explotación de esclavos. Durante la segunda mitad del siglo XVIII la producción minera vivió una de sus mejores épocas. La producción de oro y plata (los dos metales más importantes para la minería novohispana) se triplicó en el período de 1740–1803 (Villoro, 1989: 594). Asociados a esta importante actividad, existía un complejo de ramos económicos que de una u otra manera se vieron beneficiados por el auge minero. Por ejemplo, los grupos de comerciantes que controlaban el tráfico entre la colonia y España; o bien, los dueños de las comarcas agrícolas que abastecían a los principales centros mineros o comerciales en todo el país (el valle de Puebla, asociado a la ciudad de México, o el Bajío, vinculado a las minas de Zacatecas y Guanajuato).

Sin embargo, con las Reformas borbónicas, puestas en marcha desde la metrópoli, se fueron desarrollando nuevas ramas económicas en Nueva España. Aunque en general, las reformas representaron un cierto aliento de cambio a los casi tres siglos de continuidad en el sistema colonial, el beneficio para los diversos grupos de la sociedad novohispana no fue igual. Las clases bajas no vieron grandes variaciones en su situación subordinada. Pero quienes vieron profundamente afectados sus intereses fueron las familias vinculadas con el comercio exterior. Por aquella época, el comercio entre Nueva España y la metrópoli se realizaba exclusivamente por medio del puerto de Veracruz. Esta es la razón de que los comerciantes de esa ciudad tuvieran tan grande influencia en la política y la economía de la colonia.

Pero con la declaratoria de libre comercio entre las colonias y la abolición del monopolio veracruzano, crecieron en poder y número las cámaras de comerciantes en otros puertos de Nueva España. Este fue uno de los factores que contribuyeron al auge minero de finales del siglo XVIII. Puesto que las familias de comerciantes habían visto amenazadas sus inversiones e intereses, trasladaron buena parte de su capital a la industria minera. Los espacios vacantes fueron ocupados en muchas ocasiones por los americanos. Los criollos de las colonias españolas ocupaban una posición inferior con respecto a los peninsulares (designados en el habla mexicana como gachupines) en la estructura de la sociedad virreinal. Sin embargo, no eran un grupo del todo despojado de importancia específica: por ejemplo, en Guanajuato las minas más importantes de la región se encontraban en manos de familias criollas. Por otro lado, la apertura derivada de las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII, propició el crecimiento de una pequeña clase media de extracción americana.

Revoluciones burguesas: Francia y Estados Unidos

Sin duda, dos movimientos marcaron la historia del final del siglo XVIII. Uno fue la Revolución Francesa, y el otro, la independencia de Estados Unidos. Tanto la una como la otra tenían su sustento en las ideas de la Ilustración. A su triunfo, las revoluciones en Francia y Estados Unidos proclamaron la igualdad de los hombres ante la ley y dieron amplias libertades a los ciudadanos; una categoría que nacía precisamente con el iluminismo francés. Desde luego, estas ideas no eran del todo desconocidas en las colonias españolas. Se sabe, por ejemplo, que el cura Miguel Hidalgo era simpatizante de la Ilustración, y que muchos de aquellos que participaron en la Guerra de Independencia de México conocían con mayor o menor profundidad las ideas del liberalismo.

Invasión francesa en España

Fernando VII, rey de España. Cuando los franceses obligaron a la familia real española a ceder sus derechos al trono de la península en favor de los Bonapartes, en varias ciudades de América se establecieron Juntas provisionales que gobernaban en nombre del soberano español. En Nueva España, la Junta de México fue suprimida por los españoles el 15 de septiembre de 1808. Véase también: España durante la ocupación francesa

Este factor fue determinante , pues el clero español sabía que si Napoleón tomaba el poder en España, al tener una ideología diferente al catolicismo, perdería su poder sobre el pueblo, por esta razón también el cura Miguel Hidalgo y Costilla junto con el padre José María Morelos y Pavón iniciaron la independencia de México para que el poder de Napoleón no pasara a afectar directamente al clero de la Nueva España.

La invasión de Portugal por parte de las tropas de Napoleón en 1807 obligó la huida de la Casa de Braganza a Brasil. En España, este suceso había provocado la división de la familia real española. Instigado por Manuel Godoy, el príncipe de Asturias había planeado un complot para destituir a sus padres de la corona. Finalmente, logró que Carlos IV abdicara en su favor el 19 de marzo de 1808. Tal suceso no complació en nada a Bonaparte, que intentó forzar a Carlos IV a declarar nula su abdicación. Aunque Fernando VII intentó formar un gobierno propio y organizar España, Napoleón le condujo con engaños a Bayona, donde el 5 de mayo de 1808 lo forzó a ceder la corona a su padre, para que luego éste la entregara al francés.

Los dominios españoles en América ante la ocupación de la metrópolitana

Véase también: Antecedentes de la independencia de la América Hispana

Aunque aparentemente no hubo ningún cambio en la organización y los vínculos entre España y sus dominios ultramarinos en América, en realidad en cada una de las colonias había una discusión sobre quién era el verdadero soberano de las tierras americanas. El problema era que, nominalmente la soberanía de los dominios españoles radicaba en el titular de la Corona de España, no había una claridad sobre la posición que se debía guardar ante la ocupación extranjera de la metrópoli. Para algunos, la opción era reconocer al gobierno francés de ocupación. Para otros, la soberanía radicaba en Fernando VII, y por lo tanto, no estaban dispuestos a reconocer a Bonaparte como soberano. Y había un tercer grupo, influenciado por las ideas de la Ilustración y la reciente Independencia de Estados Unidos, para quienes la opción era la separación de las colonias. Hay que señalar que en realidad, estos partidos estaban formados sobre todo por los miembros de las clases altas y medias, es decir, por españoles peninsulares, criollos y algunos mestizos —muy pocos— que habían llegado a ocupar algún cargo en la estructura de poder colonial. Para la mayor parte de la población americana, lo ocurrido en España no tenía gran significación en su vida cotidiana.

En varias ciudades americanas se formaron Juntas Provisionales, cuyo propósito fue conservar la soberanía en sustitución del legítimo rey de España, y hasta que Fernando VII fuera reinstalado en el trono. Las Juntas que se formaron en ciudades como Quito (1809), Caracas (1810), Valledupar (1810) o Lima, tenían su origen casi todas ellas en la estructura municipal, una de las instituciones de gobierno más arraigadas en el mundo hispánico. Casi todas ellas fueron dominadas por criollos ilustrados, dado que como regla general (regla en la que caben excepciones) los españoles peninsulares se oponían a la formación de gobiernos soberanos.

Junta de México

Francisco Primo de Verdad fue uno de los personajes del Ayuntamiento de México que solicitó en 1808 al virrey Iturrigaray la instalación de una Junta provisional que gobernara en nombre de Fernando VII. Iturrigaray simpatizaba con estas ideas. Finalmente, la Junta fue reprimida por un golpe de Estado contra el virrey.

Conociendo la situación en España, la élite novohispana no era ajena a los cuestionamientos acerca de la encarnación de la soberanía de los territorios bajo el dominio español. Ante las abdicaciones de Bayona, esta élite de letrados se dividió claramente en dos partidos. Para algunos, cuyo portavoz era la Real Audiencia de México, el poder en Nueva España seguía radicando en el rey Fernando, aunque momentáneamente se encontrara ausente. Por lo tanto, la estructura social de la Nueva España debía seguir inmutable y seguir como vasallos de la Corona española.

Para los otros, la situación era más compleja. El Ayuntamiento de México, encabezado por un grupo de criollos que se habían beneficiado de las reformas implantadas por los reyes borbónicos en el siglo XVIII, encuentra en la crisis política una oportunidad para implantar reformas políticas en el Virreinato.

El 5 de agosto de 1808, el Ayuntamiento de México propone al virrey José de Iturrigaray convocar a una Junta de ciudadanos que gobierne en el nombre de Fernando VII.

Este ayuntamiento plantea el problema del asiento de la soberanía. Acepta, sin duda, el derecho de Fernando a la corona, y no le niega obediencia; pero introduce una idea que cambia el sentido de su dominio: la soberanía le ha sido otorgada al rey por la nación, de modo irrevocable. Las abdicaciones de Carlos y Fernando son nulas, pues el rey no puede disponer de los reinos a su arbitrio (Villoro, 1992: 606)

Los pensadores del Ayuntamiento de México apelaban a la teoría del contrato social en sus argumentos a favor del establecimiento de un gobierno soberano en la Nueva España, aunque como se ha dicho, no estaban promoviendo propiamente una separación de la Colonia. Sin embargo, esto no era entendido así por el otro bando de la élite novohispana. Para ellos el establecimiento de la Junta de México era una amenaza contra la permanencia del sistema colonial del cual ciertamente eran beneficiarios. El reconocimiento de la junta soberana, aunque fuera meramente sustituta y provisional, implicaba su renuncia a las posiciones hegemónicas que los españoles peninsulares[2] ocuparon a lo largo de tres siglos de dominio hispano.

La tesis de la soberanía popular fue condenada como anatema por el inquisidor Prado y Obejero, y en el mismo tenor se había pronunciado la Real Audiencia por boca del oidor Guillermo Aguirre. Finalmente, la disputa entre la Real Audiencia y el Ayuntamiento llevó a un golpe de Estado contra el virrey Iturrigaray. Encabezados por Gabriel de Yermo, los opositores a la Junta destituyeron a Iturrigaray, poniéndolo preso el 15 de septiembre de 1808. La Real Audiencia impuso como virrey títere a Pedro de Garibay. Los líderes del Ayuntamiento fueron encarcelados o desterrados.

Primera etapa: Iniciación (1810–1811)

La etapa de iniciación de la guerra de independencia de México corresponde al período comprendido entre el Grito de Dolores —con el que el cura Hidalgo convocó a su pueblo a levantarse en armas— y la captura del Generalísimo de América[3] en Norias de Acatita de Baján, cuando intentaba huir de los perseguidores del ejército real.

Conspiración de Querétaro

Mapa de la campaña militar de Hidalgo (1810–1811)

En la ciudad de Querétaro se había formado un grupo de letrados, pequeños comerciantes y militares del ejército colonial, que pretextando reuniones literarias, se reunía en una academia de la población. Este grupo es conocido en la historia de México como conspiradores de Querétaro. Entre sus miembros se encontraban el cura Miguel Hidalgo y Costilla, el militar Ignacio Allende, el pequeño industrial Juan Aldama, el corregidor de la ciudad José Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez.

La Conspiración de Querétaro fue descubierta en septiembre de 1810. Los conspiradores tuvieron tiempo de prevenirse ante la intervención de las autoridades virreinales en la ciudad de Querétaro. Josefa Ortiz de Domínguez alcanzó a dar aviso a Juan Aldama del peligro en que se encontraba el movimiento independentista, al encontrarse las tropas realistas en Querétaro. A su vez, Aldama se puso en camino a Dolores, para poner al tanto de la situación al cura Hidalgo. Apremiado por la situación, Hidalgo convocó al pueblo de Dolores, tocando las campanas de la parroquia local. Acudieron las personas, aún cuando era de madrugada, y ante ellos, Hidalgo grito ¡viva la virgen de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII¡ ¡y muera el mal gobierno!, con el que se suele marcar el inicio de la Independencia de México.

Campaña militar

En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, al grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII!, Hidalgo se dirigió al presidio de Dolores, acompañado de un puñado de campesinos mal armados y peor preparados para la milicia. Puso en libertad a los presos y armó a su ejército con los escasos pertrechos disponibles en la armería local. Contaba además, con los refuerzos que pudieran proveerle Allende y Mariano Abasolo, oficiales del ejército. Acompañado de esta tropa cuya magnitud se desconoce, se dirigió primero a Atotonilco el Grande, donde tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe, que es considerada la primera bandera mexicana. Ahí nuevamente arengó a su tropa, con el grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!; y prosiguió hacia San Miguel el Grande donde llegaron a reforzarlo Abasolo y Allende.

A su salida de San Miguel el Grande, la tropa insurgente seguía siendo mayoritariamente campesina. A su paso por las poblaciones del oriente de Guanajuato se sumaban a él nuevos miembros. Pero la mayor parte de los criollos no veían con buenos ojos el levantamiento de los conspiradores de Querétaro. Incluso el mismo Ignacio Allende comenzaba a ver con recelo a Hidalgo, a quién más tarde acusaría de haberse dejado llevar por la plebe. Así las cosas, el Ejército Insurgente salió rumbo a Celaya, donde obtendría su primera victoria importante el 20 de septiembre de 1810. Enarbolando un retrato de Fernando VII, la tropa tomó la ciudad y la saqueó. En esa población, Miguel Hidalgo fue proclamado Generalísimo de América, quedando al mando del ejército por encima de Allende, que sin duda era más hábil en lo que se refiere a táctica militar. De Celaya, los insurgentes salieron con rumbo noroeste y en su camino se apoderaron de Salamanca, Irapuato y Silao. Llegaron a Guanajuato el 29 de septiembre.

Vista de Guanajuato. Al centro, la alhóndiga de Granaditas

El intendente Riaño se parapetó en la Alhóndiga de Granaditas, uno de los edificios más fuertes y gruesos de la ciudad, creyendo que en ella estaría a salvo. Sin embargo, siendo superados en número por los atacantes y muerto el intendente, los españoles tuvieron que capitular.[4] Al tomar la alhóndiga, el ejército insurgente asesinó a unos doscientos soldados y a todos los refugiados realistas y españoles que se hallaban refugiados en el edificio (De la Torre, 982).

La ocupación y saqueo de la ciudad de Guanajuato por parte de los insurgentes fue el inicio de una serie de victorias que los llevó a ocupar ciudades tan importantes como Valladolid (hoy Morelia, que se rindió ante el temor de ser saqueada como Guanajuato), Toluca y llegar a la antesala poniente de la ciudad de México: la Sierra de las Cruces. En ese sitio el ejército de Hidalgo propinó una de las peores derrotas a los realistas, pero por razones que son desconocidas, el generalísimo decidió volver a la capital de Michoacán.

A su regreso a la capital michoacana, los insurgentes fueron atacados por el ejército español, al mando de Félix María Calleja del Rey, en Aculco. La Batalla de Aculco dejó bien claro que los insurgentes no estaban en condiciones para hacer frente al ejército español. Las deserciones fueron cuantiosas y fueron capturados unos seiscientos elementos del Ejército Insurgente, armamento de los rebeldes y otras pertenencias. Teniendo en cuenta la situación, los insurgentes se dividieron y el grueso de las tropas se volvió -con Allende a la cabeza- rumbo a Guanajuato; mientras apenas un puñado regresó con Hidalgo a Valladolid. Hidalgo pudo obtener apoyo financiero de la Iglesia y la adhesión de varios centenares de jinetes e infantes; no corrió la misma suerte Allende, que tuvo que abandonar Guanajuato con rumbo al norte para reunirse con Abasolo y Aldama en San Luis Potosí.

A estas alturas, los simpatizantes de los insurgentes ocupaban otras ciudades en todo el territorio de Nueva España. Rafael Iriarte controlaba León, Aguascalientes y Zacatecas. Luis de Herrera y Juan de Villerías ocupaban San Luis Potosí. En Toluca y Zitácuaro estaba Benedicto López. José María Morelos ya había unido a los calentanos de Michoacán y México a la guerra; mientras que Miguel Sánchez y Julián Villagrán controlaban el Valle del Mezquital, en el norte de la intendencia de México. Guadalajara fue tomada por José Antonio Torres el 11 de noviembre de 1810, luego de haber ocupado el sur de Jalisco y la región de Colima. Las provincias norteñas como Texas, Coahuila y Nuevo León también se habían sumado a la causa insurgente.

Mural en la alhóndiga de Granaditas. Representa la cabeza de Hidalgo en una jaula

Habiendo abandonado los insurgentes las principales plazas tomadas apenas unos días después del inicio de la guerra, éstas fueron recuperadas por el ejército virreinal. Esto ocurrió entre noviembre de 1810 y los primeros meses de 1811. El 17 de enero de 1811, los insurgentes sufrieron una escandalosa derrota, nuevamente a manos de Calleja, en la Batalla del Puente de Calderón, que los obligó a huir hacia Zacatecas. Sin encontrar apoyo en esa ciudad, los jefes insurgentes tuvieron que dirigirse hacia el norte, buscando el apoyo de las provincias septentrionales de la Nueva España.

Engañados por supuestos aliados, se dirigieron rumbo a Monclova, aunque no sabían que esta población era el núcleo de un movimiento contrainsurgente. En Monclova se reunirían con José Mariano Jiménez, quien les brindaría apoyo para pasar a Estados Unidos. Los remanentes del Ejército Insurgente, a su paso por Saltillo, fueron puestos al mando de Ignacio López Rayón, quien partió rumbo al sur para refugiarse en las montañas de Michoacán. Finalmente, en Acatita de Baján, cerca de Monclova, los insurgentes fueron capturados por Ignacio Elizondo el 21 de marzo de 1811. Fueron conducidos a Chihuahua, donde los realistas fusilaron a veintidós miembros de la tropa rebelde, entre ellos Aldama, Allende, Jiménez (26 de junio), Hidalgo (30 de julio); mientras que Abasolo fue exiliado a España, donde murió en prisión en 1816. Las cabezas de estos cuatro personajes fueron colgadas en las cuatro esquinas de la alhóndiga de Granaditas.[5]

Segunda etapa: Organización (1811–1815)

La llamada etapa de organización de la guerra independentista de México comprende los sucesos bélicos y políticos ocurridos entre el momento en que Ignacio López Rayón fue nombrado jefe de las fuerzas insurgentes en Saltillo —poco antes de que Hidalgo, Allende, y otros jefes insurgentes fueran presos y ejecutados en el norte de México— y el fusilamiento del Siervo de la Patria, José María Morelos y Pavón. Es decir, comprende del 16 de marzo de 1811 al 22 de diciembre de 1815. Cuatro años que fueron de los más brillantes en lo que se refiere a las acciones de guerra y de posicionamiento ideológico del movimiento independentista de México.

López Rayón y la Junta de Zitácuaro

Mural en Zitácuaro, donde se conmemora la instauración de la Suprema Junta Gubernativa de América en esa villa de Michoacán

Como se ha dicho, López Rayón fue nombrado jefe de las tropas insurgentes en Saltillo, Coahuila, poco antes de la captura de los jefes insurgentes de la primera etapa de la guerra de independencia. Este cargo lo compartió con José María Liceaga. A la cabeza de unos mil hombres que constituían el remanente del primer Ejército Insurgente, se encaminó hacia el sur, rumbo a Michoacán, a través de un largo camino. Todo el territorio que había sido tomado inicialmente por movimientos regionales simpatizantes de la insurgencia había sido recuperado por el ejército virreinal; hecho que añadió una dificultad mayor a la travesía a través del árido territorio de a Mesa Central mexicana.

Finalmente, López Rayón fue capaz de conducir a esta pequeña tropa hasta Zitácuaro, una villa localizada en el oriente de la intendencia de Michoacán. Allí, el 19 de agosto de 1811, convocó a la formación de una Suprema Junta Nacional Americana que debía gobernar en nombre de Fernando VII,y esto para …para la conservación de sus derechos, defensa de nuestra religión santa e indemnización y libertad de nuestra oprimida Patria.

Ignacio López Rayón, citado en Lemoine (1978)

Bandera de El Doliente de Hidalgo, capturada en Zitácuaro el 2 de enero de 1812. Esta bandera era empleada por los insurgentes en señal de luto por la muerte del cura Miguel Hidalgo.

Según esto, la Junta de Zitácuaro no difería en sus propósitos de aquéllas establecidas en otras partes de América; para quienes la existencia de estos concejos estaba justificada en la conservación de la soberanía en nombre del destronado rey de España hasta que no volviera a ocupar la titularidad de la Corona. La Junta de Zitácuaro reunió sobre todo a la élite criolla del centro de México. Contó con el apoyo de Morelos, jefe de la insurgencia en la sierra Madre del Sur. A ella se le debe el primer proyecto de constitución nacional, que no prosperó; el primer cuño de monedas propiamente mexicanas; así como los primeros intentos por lograr el reconocimiento de la comunidad internacional (intentos que iniciaron con el envío de un embajador a Estados Unidos).

En sus intentos por legitimarse frente a los jefes regionales y ganar prestigio ante el ejército realista, la Junta de Zitácuaro, o mejor dicho, López Rayón —en su cargo de Ministro Universal de la Nación, y en otras palabras, jefe de la Junta— emprendió una serie de campañas militares que no le rindieron los dividendos esperados. A pesar de contar con el apoyo de Los Guadalupes[6] y otros benefactores de la causa insurgente; López Rayón fue incapaz de impedir que la Junta fuera expulsada de Zitácuaro por Calleja, en los primeros días de 1812. Acto seguido, los vocales decidieron actuar cada uno por su cuenta en distintas regiones del sur de México: José Sixto Verduzco permaneció en Michoacán, Rayón se trasladó a la intendencia de México, y Liceaga se internó en el territorio de Guanajuato.

Reclamando cada uno para sí la jefatura de la Junta, los jefes entraron en una discusión que finalmente condujo a la desaparición de facto de este órgano de gobierno hacia la primera mitad de 1813. La Junta de Zitácuaro fue sustituida por el Congreso de Chilpancingo como máximo órgano de gobierno de la nación americana. Durante el tiempo en que la Junta de Zitácuaro se tuvo que trasladar de Michoacán al mineral de Sultepec (en el poniente de la intendencia de México) sobresalió la producción intelectual de José María de Cos, cura de San Cosme, intendencia de Zacatecas. A él se debe la edición de un segundo órgano informativo de los insurgentes, impreso en una imprenta que él mismo construyó. Su pluma fue dura contra las autoridades virreinales, y en él se muestra una tendencia a la radicalización política del movimiento insurgente.

Morelos y el Congreso de Chilpancingo

De Carácuaro a Chilpancingo

Campaña de Morelos.

Al igual que López Rayón, Don José María Morelos y Pavón no era novato en las acciones bélicas de los insurgentes. Como el jefe de la Junta de Zitácuaro, Morelos también había tenido actividad casi desde el principio de la guerra de independencia, especialmente en la región de Tierra Caliente de Michoacán y México.[7] Aunque es común señalar que recibió el mando de los insurgentes luego de la captura de Hidalgo, Allende y Aldama; Morelos era en realidad un jefe militar regional, supeditado a la autoridad de la Junta de Zitácuaro. Era, por lo tanto, un subordinado de López Rayón. Sin embargo, sí es posible decir que Hidalgo y Morelos si se conocieron, aunque sólo se entrevistaron una vez en toda su vida en el pueblo de Charo, hasta donde Morelos tuvo que seguir a Hidalgo, ante su negativa de recibirlo, desde Indaparapeo.

La campaña de Morelos inició en Carácuaro, un pueblo calentano de Michoacán. Ernesto Lemoine divide su campaña en dos partes, cuyo parteaguas es el desastre de Valladolid, donde fue estrepitosamente derrotado por el ejército realista. Antes de ese episodio, acontecido en 1813, Morelos había ganado prestigio como estratega militar (aunque no tenía ninguna formación como soldado). Pero luego de su derrota en la tierra donde nació, Morelos y su ejército fueron dando un traspié tras otro, hasta que finalmente la mayor parte de los jefes de su ejército, o bien fueron muertos en combate, o bien fueron presos y fusilados por las tropas virreinales.

Habiendo levantado en armas a Carácuaro, Morelos se internó en la depresión del Balsas y la sierra Madre del Sur, donde uno tras otro fue sumando Zacatula, Petatlán y Tecpan a la lucha contra las autoridades virreinales. En mayo de 1811, el ejército de Morelos —en el que se hallaban incluidos los cuatro hermanos Galeana (el más conocido de ellos es Hermenegildo) su tropa de negros costeños— tomó Chilpancingo, Tixtla, Taxco.

Juan N. Almonte. Fue hijo del cura Morelos, y jefe de Los Emulantes, en donde era compañero de Narciso Mendoza. Por azares del destino, cuando adulto formó parte del bando que combatió a Benito Juárez durante la Guerra de Reforma, y de la comisión que entregó el gobierno de México a Maximiliano de Habsburgo.

Luego de haber penetrado en el territorio de la intendencia de Puebla, donde venció a los realistas en Chiautla, el cura de Carácuaro dividió su ejército en tres columnas. Una, al frente de Nicolás Bravo, avanzó a Oaxaca. En su camino hacia el sureste, Bravo tomó Acatlán y Huajuapan. Otro brazo, al mando de Hermenegildo Galeana volvió a Taxco. El tercer grupo insurgente, encabezado personalmente por Morelos, se encaminó hacia el valle de Puebla-Tlaxcala. Tomó Izúcar, donde sumó a Mariano Matamoros, cura por más señas, y al hijo de éste. Morelos finalmente no avanzó hacia Puebla de los Ángeles, pero siguiendo al occidente, el 24 de diciembre de 1811 conquistó la villa de Cuautla para la causa insurgente.

En febrero de 1812, Félix María Calleja —la mejor espada de Nueva España, como le habían apodado merced a sus múltiples victorias frente a los insurgentes— fue comisionado por el virrey Vanegas para que terminara de una vez por todas con el ejército de Morelos. Desde luego que Calleja esperaba vencer con facilidad a los insurgentes, sobre todo estando en ventaja numérica y siendo los rebeldes un puñado de guerrilleros sin instrucción militar —o al menos, esto era lo que pensaba el futuro virrey de la Nueva España—. Así las cosas, inició en sitio de Cuautla; misma suerte que en la Mixteca poblana estaba padeciendo Izúcar. Para este tiempo, López Rayón y la Junta ya habían sido arrojados de Zitácuaro.

Luego de setenta y dos días de combate, ambos bandos fueron incapaces de vencer. Los realistas habían fracasado también en el intento de recuperar Izúcar, y el 2 de marzo, pudieron romper el sitio, evacuando Cuautla para evitar una masacre de civiles. En la defensa final de esa plaza de lo que actualmente es el estado de Morelos participaron también los propios habitantes de la villa, destacándose un grupo de niños llamados Los Emulantes. Este batallón infantil insurgente fue encabezado por el hijo natural del cura Morelos, Juan Nepomuceno Almonte, y formaba parte del él Narciso Mendoza, mejor conocido en la historia de México como el Niño Artillero. Habiendo desalojado Cuautla, los insurgentes se dispersaron hacia el oriente, rumbo a Izúcar y Chiautla.

Acosados por el ejército español, los insurgentes se trasladaron hacia el oriente de Puebla, tomaron la villa de Orizaba, y se enfrentaton al ejército virreinal en las cumbres de Acultzingo, en el límite de Puebla y Veracruz. Nuevamente, el enfrentamiento no dejó un vencedor claro, y como en Cuautla e Izúcar, los insurgentes tuvieron que desplazarse, en esta ocasión hacia el sur. Luego de capturar Tehuacán, Morelos y su ejército ocuparon la ciudad de Oaxaca, donde instituyó un gobierno autónomo. El gobierno insurgente de la ciudad de Oaxaca duró de 1812 a 1814, cuando fue recuperada la población por el ejército realista. Más allá de representar la primera y única vez en que Morelos fue capaz de tomar el control de una ciudad importante, fue Oaxaca el sitio donde Morelos se delindó finalmente de la tesis fernandista de la Junta de Zitácuaro (ya establecida y moribunda en Sultepec). En Oaxaca, Morelos convoca a la formación de un Congreso Nacional con representantes electos por voto popular. La cita sería en Chilpancingo.

Con el propósito de llegar a Chilpancingo para el Congreso Nacional, el ejército de Morelos se dirige hacia la Costa Grande, y finalmente rinde el castillo de San Diego de Acapulco, en agosto de 1813. De esta suerte, la comunicación marítima con Filipinas por el océano Pacífico quedó bajo control de los insurgentes.

Congreso de Chilpancingo

José María Morelos. Rechazó los títulos de Su Alteza y Generalísimo, concedidos por el Congreso de Chilpancingo. En cambio, se hizo llamar Siervo de la Nación.

Las múltiples victorias del ejército de Morelos habían dado al cura de Carácuaro un prestigio del que carecía López Rayón y sus deslucidos enfrentamientos contra los españoles en Valladolid y Zitácuaro, de donde fue expulsado con la Junta en 1812. En cambio, hacia mediados de 1813, Morelos dominaba gran parte del sur de las intendencias de México, Puebla y Oaxaca. Gracias a esa autoridad militar, Morelos pudo dar un giro radical al planteamiento político de la revolución independentista. Para ello, se apoyó en numerosos personajes que participaron en el Congreso de Chilpancingo convocado por él en junio de 1813; congreso que se llevó a cabo en septiembre de ese mismo año, luego de la captura de Acapulco.

Ya en Chilpancingo, Morelos entrega a los congresistas un documento intitulado Sentimientos de la Nación. Este documento refleja la posición política de Morelos, para quien…

la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía…

Morelos, “Sentimientos de la Nación”, Artículo 1°

y solicita a los representantes populares…

que así se sancione, dando al mundo las razones Morelos, ibidem.

Los Sentimientos de la Nación incluyen además una serie de disposiciones en lo económico, lo político y social que rompían definitivamente con López Rayón y sus seguidores. Éstos, una vez preso el cura Hidalgo en 1811, habían enviado una carta a Calleja donde exponían sus argumentos a favor del movimiento revolucionario. En ella se señalaba que el propósito era restituir la legitimidad existente antes de la supresión de la Junta de México y el golpe de Estado contra Iturrigaray. Se justificaba el movimiento en tanto que, como fue expuesto por los miembros de la Junta de México, América era dependiente del rey de España, pero no de la nación española; y que por tanto, la independencia buscada no era con respecto a la Corona, sino del “gobierno ilegítimo” que se había reunido Cádiz.

En contraste con la posición de la Junta de Zitácuaro, el Congreso de Chilpancingo se dio a la tarea de definir jurídicamente las razones por las cuales la América mexicana debía ser libre de España. Por otra parte, los diputados reunidos en Chilpancingo no eran los únicos pensadores que se manifestaban a favor de la lucha independentista radicalizada de Morelos. Una de las plumas más revolucionarias favorables a la insurgencia fue la de Servando Teresa de Mier. A diferencia de Bustamante y Quintana Roo, para quienes el problema se solucionaba con definir al pueblo o a los ayuntamientos como los representantes legítimos de la nación; Teresa de Mier desarrolla estas tesis influido por el liberalismo francés, y sostiene que América…

posee su propio pacto social, que la constituyó como parte de integrante de la monarquía española, y que Carlos V contrajo con los conquistadores y los mismos indios, a quienes consideró vasallos a cambio de concederles exenciones y privilegios. Desde entonces, pese al despotismo, “conservaron los reyes en el fondo nuestras leyes fundamentales, según las cuales las América son los reinos independientes de España sin otro vínculo entre ellos que el rey…, dos reinos que se unen y confederan por medio del rey, pero que no se incluyen.” Tal es el código originario de América, que Mier, empleando la teminología en boga, denomina “Consitución Americana”. Las reivindicaciones de los insurgentes son fieles a ella; son los europeos los que tratan de abolir el pacto social y sustituirlo por un gobierno tiránico… Villoro, 1992:622

Declaración de Independencia de América Septentrional [editar]

Al declarar los pensadores de la insurgencia la independencia de la nueva nación[8] también declaraban el rompimiento con el sistema social colonial. Entre otras cosas, los Sentimientos de la Nación contemplan la supresión del sistema de castas, la residencia de la soberanía en el pueblo y la independencia de la nación ante cualquier potencia extranjera. En otro sentido, se pronunciaba a favor de la conservación del catolicismo como única religión (y como religión de Estado en los hechos) y la exclusión de los extranjeros de las actividades económicas. Se trata, por tanto, de un documento sumamente radical cuyos puntos principales son recogidos por el Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional —firmada el 6 de noviembre de 1813-- y la primera Carta Magna de México, la Constitución de Apatzingán, redactada por el Constituyente de Anáhuac en fuga de sus perseguidores españoles y promulgada en Apatzingán, Michoacán, en 1814. La Carta de Apatzingán no pudo ser puesta en marcha debido a la mala ventura de los insurgentes en sus encuentros militares con el ejército realista.

De Chilpancingo al paredón de Ecatepec [editar]

En junio de 1813, Morelos convocó a un congreso nacional de representantes de todas las provincias, y se reunieron en Chilpancingo en el actual estado de Guerrero para discutir el futuro de México como una nación independiente. Los puntos más importantes del documento preparado por el congreso fueron la soberanía nacional, el derecho universal al voto a todos los hombres, la adopción del catolicismo como la religión oficial, la abolición de la esclavitud y el trabajo forzado, el fin a los monopolios gubernamentales y el fin de los castigos físicos. Se firmó la declaración de independencia el 6 de noviembre de 1813. Aunque las fuerzas de Morelos tuvieron éxito inicialmente, las autoridades coloniales vencieron el sitio de la ciudad de México después de seis meses, capturaron posiciones en las áreas vecinas, y finalmente invadieron Chilpancingo. Después de estas derrotas el congreso (principalmente Ignacio López Rayon), en vez de hacer unión para poder llevar al éxito la independencia, decidió desconocer a Morelos como generalísimo y jefe supremo del ejército y le asignaron únicamente la protección del congreso en fuga. Morelos logró protegerlos de tal suerte que se logró la redacción de una constitución, que fue jurada en Apatzingan el 22 de octubre de 1814. La constitución daba poderes absolutistas al congreso (en abierta pugna entre sí) y este no tardó en reasignar los efectivos para la lucha y dejar practimente sin fuerzas a Morelos, (por temor a que tomara el poder). Morelos fue capturado meses después en una escaramuza por mantener a raya a los realistas que perseguían a los congresistas y enfrentó el mismo destino que Hidalgo, murió fusilado después de ser degradado y excomulgado el 22 de diciembre de 1815.

Guerrero, Victoria, Mina y la guerra de guerrillas [editar]

De 1815 a 1821, la guerra de independencia se transformó en una guerra de guerrillas. Estas guerrillas fueron dirigidas por tres ilustres caudillos: Guadalupe Victoria (cuyo verdadero nombre era Manuel Félix Fernández) en Puebla, Vicente Guerrero en Oaxaca y el español liberal Francisco Javier Mina en el centro. Los tres se ganaron la lealtad y el respeto de sus seguidores. El virrey, sin embargo, pensó que la situación estaba bajo control y declaró un indulto general a todo rebelde que dejara las armas.

Francisco Javier Mina, un héroe liberal español de la Guerra de independencia española, conoció al padre Servando Teresa de Mier en Londres y convencido por él se unió a la causa de la independencia mexicana frente al absolutismo de Fernando VII. En 1817 desembarcó en Soto la Marina y reunió un ejército que, minado por las acciones realistas y la indisciplina interna, fue derrotado a los pocos meses, y Mina fue fusilado cerca de Pénjamo.

Después de diez años de guerra civil y de morir dos de sus líderes más importantes, el movimiento insurgente estaba inerte y cerca del fracaso. Los rebeldes se enfrentaban a la dura resistencia española y a la apatía de los criollos más influyentes en la colonia. La violencia excesiva y la pasión y saqueos populares de los ejércitos irregulares de Hidalgo y Morelos convencieron a muchos criollos de que ésta era una guerra de clases y razas, y terminaron uniéndose de mala gana al gobierno español hasta que pudieran encontrar una ruta menos sangrienta a la independencia. Fue en este punto que los planes de un caudillo militar conservador coincidieron con una rebelión liberal en España, y éstos hicieron posibles los súbitos cambios de lealtades al bando independista.

En lo que supuestamente iba a hacer la última campaña realista contra los insurgentes, el virrey Juan Ruiz de Apodaca mandó una fuerza comandada por el realista criollo Agustín de Iturbide a vencer al ejército de Guerrero en Oaxaca. Iturbide, hijo nativo de Valladolid, se hizo famoso por la pasión con la que perseguía a las fuerzas de Hidalgo y Morelos durante los primeros años de la lucha por la independencia.

Favorito entre la jerarquías de la Iglesia mexicana, Iturbide era la encarnación del criollo conservador perfecto: pío, religioso, y dedicado a la protección de la propiedad privada y de los privilegios sociales. Sin embargo, Iturbide estaba insatisfecho: carecía de alto rango militar y de riquezas.

Iturbide y Fernando VII de España

La Revolución Hispanoamericana

La reacción Realista Bajo control independentista Bajo control independentista España durante la invasión francesa España bajo la revolución liberal

La misión de Iturbide en Oaxaca coincidió con un exitoso golpe militar en España contra el nuevo monarca, Fernando VII. Los líderes del golpe, que habían sido reunidos como una expedición militar para suprimir los movimientos independistas en las Américas, obligaron el rey Fernando a firmar la constitución liberal de 1812. Cuando las notícias de los acontencimientos llegaron a México, Iturbide las entendió como un peligro al status quo y una oportunidad para que los criollos tomaran el control de México. Irónicamente la independencia de México fue consumada cuando las fuerzas conservadores en la colonia decidieron levantarse en contra del breve régimen liberal en la madre patria. Después de enfrentarse a Guerrero, Iturbide cambió sus lealtades e invitó al líder rebelde a una junta para discutir los principios de un regenerado movimiento insurgente.

En Iguala, Iturbide proclamó tres principios o garantías al México independiente: México sería una nación independiente gobernada por el rey Fernando u otro príncipe conservador europeo; criollos y peninsulares tendrían los mismos derechos y privilegios; y la iglesia católica continuaría teniendo sus privilegios y el monopolio religioso en México. Después de convencer a sus tropas que aceptaran estos principios, que fueron proclamados el 24 de febrero de 1821 como el Plan de Iguala, Iturbide persuadió a Guerrero a que unieran sus fuerzas a favor de la nueva manifestación conservadora del movimiento de independencia. Un nuevo ejército, el ejército de las Tres Garantías, fue puesto bajo el comando de Iturbide para defender el Plan de Iguala. El plan satisfizo a liberales y conservadores: la meta de la independencia y la protección de la iglesia católica hicieron posible que todos se unieran al movimiento independentista.

Acta de Independencia

Artículo principal: Acta de Independencia del Imperio Mexicano

Acta de independencia.

El Acta de Independencia del Imperio Mexicano fue firmada el 27 de septiembre de 1821 por:

Los miembros de la Suprema Junta Provisional Gubernativa, entre los cuales destacan: Antonio Joaquín Pérez Martínez, obispo de la Puebla de los Ángeles; Juan de O’Donojú, teniente general de los ejércitos españoles, Juan Horbegoso, coronel de los ejércitos nacionales; Pedro José Romero de Terreros, Conde de Jala y Regla, Marqués de San Cristóbal y de Villa Hermosa de Alfaro, gentil hombre de cámara con entrada y capitán de albarderos de la guardia del Virrey; Anastasio Bustamante, coronel del Ejército de Dragones de San Luis, etc.

Y por los miembros de la Regencia del Imperio mexicano: Agustín de Iturbide, presidente; Juan O’Donojú, Manuel de la Bárcena, José Isidro Yañez y Manuel Velásquez de León (segundo, tercero, cuarto y quinto regente, respectivamente).

La nación mexicana que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido. Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa eternamente memorable que un genio superior a toda admiración y elogio, por el amor y gloria de su patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó a cabo arrollando obstáculos casi insuperables. Restituida, pues, cada parte del Septentrión al ejercicio de cuantos derechos le concedió el autor de la naturaleza, y reconociendo por inajenables y sagrados las naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad, y con representantes que pueden manifestar su voluntad y sus designios, comienza a hacer uso de tan preciosos dones y declara solemnemente por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es una nación soberana e independiente de la antigua España, con la que en lo sucesivo no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha en los términos que prescriben los tratados; que entablará relaciones amistosas con las demás potencias, ejecutando respecto a ellas, cuantos actos pueden y están en posesión de ejecutar las otras naciones soberanas; que va a constituirse con arreglo a las bases que en el Plan de Iguala y Tratados de Córdoba estableció sabiamente el primer jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías, y en fin que sostendrá a todo trance y con sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos (si fuere necesario) esta declaración hecha en la capital del imperio a 28 de septiembre de 1821, primero de la independencia mexicana.

Reacciones del gobierno de España

Artículo principal: Intentos de Reconquista en México

El gobierno español y Fernando VII negaron legitimidad de la independencia de sus colonias americanas.

Fueron varios los intentos de reconquista en México por parte de los españoles, el último de ellos fue en 1829 cuando el general Isidro Barradas y el almirante Ángel Laborde partieron de Cuba con casi 4000 soldados y 19 embarcaciones, se dirigieron el 5 de julio a México, con la intención de reconquistar nuevamente el territorio.

Arribaron el 26 de julio a Cabo Rojo, cerca de Tampico, pero el general Antonio López de Santa Anna coordinó la defensa y finalmente derrotó a los españoles en la Batalla de Pueblo Viejo (hoy Villa Cuauhtémoc), el 11 de septiembre del mismo año.

Fue hasta el 28 de diciembre de 1836 cuando se realizaron negociaciones de paz y reconciliación, firmándose el tratado de reconocimiento de la Independencia de México.

Firmaron por parte del gobierno español, María Cristina de Borbón viuda de Fernando VII y José María Calatrava, y por parte del gobierno mexicano, Miguel Santa María y el presidente en turno José Justo Corro.







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